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Jueves, 22 Junio 2017
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Consumo político: LAS CAMPAÑAS ELECTORALES ENCUESTA

DE LA PROPAGANDA A LA PUBLICIDAD

Para entender la comunicación política en períodos preelectorales, debemos primero comprender la propaganda. La palabra propaganda proviene del latín propagare, que significa reproducir, en sentido más general quiere decir: expandir o “propagar”.

Su finalidad es obscenamente directa: influir en la opinión de los ciudadanos para que adopten determinadas conductas en el acto del voto individual. Todo se genera por medio de acciones técnicamente elaboradas y presentadas por los medios de comunicación influyendo en los grupos para que piensen y actúen de determinada manera a la hora de votar.

La propaganda electoral está íntimamente ligada a la campaña política de los respectivos partidos que compiten en el proceso para aspirar al poder, es entonces que el proselitismo convive con la propaganda.

Los griegos, no concebían que alguien pudiera dedicarse a los asuntos de política si no conocía el arte de persuadir, desde ese entonces existió la propaganda política como principio de la sociedad organizada. Hoy día la influencia de la propaganda en la mentalidad individual (que es el núcleo de la masa), se ha multiplicado de manera incalculable cuando se ha apropiado de los medios de comunicación colectiva (Internet, Televisión, Redes sociales, Medios Gráficos, Vía Publica y Radios), grandes influyentes instantáneos de opinión.

La propaganda no difiere, en esencia, de la publicidad.

La publicidad está destinada al consumo de bienes y servicios, para dar a conocer algo procede a publicarlo, una forma de propagarlo con la finalidad de estimular la demanda del mismo. Su fin es determinar una conducta de compra hacia un objetivo.

La propaganda electoral no es otra cosa que publicidad política, y el producto que se busca vender no es otra cosa que un candidato, en un paquete llamado programa, constituido por ideas, utilizando técnicas que son son las mismas de las ventas de productos, en las cuales se utilizan “slogan” de fuerte impacto emocional, que en nada difieren de la promoción de un yogurt, un cosmético o un automóvil. Las campañas electorales indudablemente presentan un manejo publicitario, donde el gran problema es que se abandona la difusión de ideas y se cambia por la venta de “un producto”, de “una cara” como una figura o “mercadería mediática” que tiene un guion bien asesorado y estudiado de cuatro palabras que forman el marco de su comunicación de hoy: INSEGURIDAD INFLACIÓN DESOCUPACIÓN y CORRUPCIÓN, en el coctel de cambios, luchas, denuncias y promesas, con un muy bajo contenido de PROPUESTAS.

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