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nuestros operadores lo antenderán

“Mier” Nov 2018

Luego de años de explotar a la gallina de los huevos de oro…y comérnosla, descubrimos más temprano que tarde, la finitud de aquello que considerábamos eterno.

Somos un país de modas salvadoras, y es así observándolo en la medida que nuestra cíclica y fracasada economía pega saltos, subiendo, y bajando más rápido de lo que sube, cada vez a extremos más distantes.

En esas prácticas del sálvese quien pueda, se escuchan permanentes comentarios de que es lo que conviene hacer, donde es fácil distinguir los manotazos de ahogado, surgen entonces negocios de fórmulas milagrosas y futuros artificialmente promisorios.

Si hacemos un poco de memoria tenemos un ejemplo de un clásico de los 80’s y 90’s: el videoclub, un negocio en los que muchos se habían lanzado como una “salvación”. Los pocos que habían quedado, echaron la culpa de su fracaso y cierre al advenimiento de la piratería en la descarga online, sin ver que la decadencia de su negocio era en verdad: Internet. Fue así sostenido con persistencia hasta la caída y desaparición de Blockbuster (y sus otrora más de 6000 locales en el mundo), quien fuera exterminada definitivamente por Netflix.

Tenemos entonces que la tecnología dio comienzo a los cambios de hábito, que muchas veces son sostenidos en el tiempo con una persistencia ciega. Tal es el caso de los últimos y pocos locales que aún quedan de revelado fotográfico y foto carnet.

El consumo diario y las costumbres no escapan a esos cambios y las nuevas generaciones ya no se adaptan…sino que nacen en un medio digital, donde la virtualidad le ahorra al consumidor muchas horas de su tiempo disponible, siempre y cuando la dependencia a los recursos informáticos, fijos o portátiles no se lleven puesta a la persona a punto tal que no sepa que la realidad es lo que pasa a su alrededor. Son varios los indicadores que determinan los cambios en la conducta del consumidor, cambios que, en un plazo no mayor a los 5 años harán que el mercado tal cual hoy conocemos, desaparezca por la aplicación de diferentes modalidades adaptadas a las demandas de las nuevas generaciones, que ya hoy la conforman en su estado más exigente los millennials. En Argentina los consumidores hace más de cuatro años que no toman como un “paseo de compras” ir a un hipermercado en familia con su auto para perder entre dos a tres horas, donde además llevaban productos derivados de la compra por impulso. Ya no es mayoritaria esa antigua modalidad. Hoy el consumidor es pensante e inteligente, no se deja engañar con falsas promociones de 2x1 o 3x2 que tanto insisten las cadenas, cuando sabe que en un mayorista la diferencia por esa cantidad es mucho más rentable, lo mismo ocurre en los descuentos por cantidad en productos de la misma marca cuando en realidad el precio de dos semanas antes era inferior, y tras un incremento la suma llega al precio anterior de esa “oferta”, todos estos desaciertos conducen a profundizar la conducta del shopper, y es así que las empresas, por falta de planificación basada en la observación, tienden a fracasar.

Los cambios de hábitos en consumo son los primeros que determinan las modificaciones adaptativas que deben hacer las empresas y los comercios, pero no solo allí se deben ejercer los cambios: todo parte desde la educación y es allí donde encontramos un gran problema; y es que estamos formando a estudiantes bajo un sistema de enseñanza y contenidos del siglo pasado, para afrontar a su egreso alternativas de trabajo que aún no existen y nada tienen que ver con las actuales.

Es así, que estamos formando alumnos para una realidad ya pasada. Los tradicionalismos son entonces una irrealidad que no se adapta a un futuro próximo.

Es así que los negocios familiares que traspasaban generaciones y eran sostenidos de abuelos a nietos, ya no existen, ocurre que asistimos al cierre de comercios “tradicionales” que ya no son rentables porque sus clientes habitués generacionalmente dejaron de concurrirlos. Desde kioscos de diarios y revistas, pasando por locutorios, restaurantes y remiserías sufren la falta de adaptación a la costumbre que “todo sigue igual”, cuando los hechos demuestran permanentemente modificaciones de costumbres más rápidas, que las adaptaciones comerciales. Los visionarios de la salvación se vuelcan entonces a mágicas soluciones que piensan eternas: pancherías, food trucks y cervecerías, conforman entre otras las modas que día a día acentúan con la realidad que nada es para siempre, y es entonces donde tardíamente nos despertamos al descubrir que se nos murió la vaca atada.

Fernando Quintero.

Director de INDECOM